martes, 28 de enero de 2014

De profesión: carterista

Trabajar durante un cierto número de años en una conocida cadena de supermercados de este país, me ha echo de carácter básicamente desconfiada de todo Dios.
Y es que de la persona más inverosímil,  que jamás te pudieras imaginar; delante de esa persona te quedabas boquiabierta cuando un día cualquiera, la barrera de la verdad sonaba estrepitosamente, justo en el momento de su paso, y con cara de sorprendidos unos y aún más sorprendidos otros, nos colocaba encima de la caja, un paquete de salmón o una caja de anchoas o cualquier otro artículo que uno se quiera imaginar y que evidentemente estaba marcado para esas pilladas en cuestión. 
Es por lo que comento que al final tu carácter se hace desconfiado y huraño cuando estás en ese ambiente laboral en el que tus horas engloban convertirte en cajera, reponedor, detective y finalmente guarda de seguridad, de un comercio que ni es tuyo, ni su volumen de ganancias disfrutarás jamás, quedandote como recompensa tu sueldo, algo mísero, pero realmente ganado con el sudor de tu frente.
En definitiva, siempre se ha de quedar uno con las partes positivas de cada uno de los trabajos por los que pasaremos y en este caso me llevaré la incuestionable cuestión de que el olfato de detective no se pierde nunca. Y si eras buena en el trabajo de saber quien te robaba y quién no, eso lo llevas para toda la vida a la hora de detectar a ciertos personajes de manos largas.
Es por esto último que hoy mismo, al entrar en el andén del metro que me llevaría a mi destino he localizado rápido a un par de amigos,  que en su papel de estudiantes hasta daban el pego. Pero a mi experiencia de detective no se la pegan, eran claramente carteristas de profesión.
Estrategia fácil. Separación previa de ambos, ubicación precisa para verse el uno al otro y darse indicaciones en caso de ser preciso actuar,  vistazo rápido de usuarios en ese vagón, intención:  localizar algún extranjero o bien cualquier despistado/a que lleve abierto el bolso. En definitiva, para evitarme nervios, guardo móvil,  cierro bolso y observo situación.  Y es así, en el metro, cuando no tienes que leer,  a nada que jugar, ni ganas de dormir,  cuando te das cuenta de lo despistada que va la gente en el transporte público, observas que la mayoría vamos con los móviles en la mano, tan al alcance de esos ladrones que no tendrán problema de arrebatártelo en un instante, ya que incluso jugamos, tecleamos o llamamos con una mano... y ahí están ellos que en el caso del día de hoy, tal vez sintiéndose intimidados por mi falta de vergüenza al observarles sin perder detalle, que terminan decidiéndose por abandonar el vagón y esperar si en el próximo convoy hay más inocentes despistados.
Es una pena, pero así está el transporte público de medio mundo o del mundo entero, sinceramente, el oficio de carterista no es un oficio de este siglo, ya viene muy de atrás por lo tanto no será fácil de erradicar, así que nos tocará convivir con este mal, como muchos otros del día a día y sobretodo no pecar de desprevenidos, totalmente expuestos a que cualquier mano más rápida nos estropee el día.

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