martes, 28 de enero de 2014

Vistas nuevas

Lo admito, me apasionan los hoteles.  O ir de hoteles,  como buenamente se diga.
Esa sensación de que ese espacio es tuyo en ese instante, pero no lo es. 
Puedes hacer lo que quieras, pero no puedes. 
Esa mezcla de superioridad sin ser superior a nada, pero tener el privilegio de ser un huesped de ese hotel y sentirte importante.
Está claro que esta misma sensación que expreso, la sentirás totalmente opuesta si eres de esos personajes que por tu vida profesional te ves en la obligación de estar de habitación en habitación de hotel. Y llegará un momento que todas las verás iguales, frías, sin personalidad, sin calor de hogar. Y echarás de menos esa cama tan fantástica que apenas has disfrutado, aunque haya sido adquirida a sabiendas que se disfrutaría poco.
Son sentimientos opuestos, lógicamente.
Pero así es la vida.
El rico echa de menos el calor y la sinceridad de la familia pobre, esa unión única que solo se siente cuando no se intuye que de por medio hay intereses y desconfianza.
El pobre echa de menos, el lujo, la comodidad, el placer de sentirse único.
Son identificaciones idealizadas por esta mentalidad mía extraña ehhh... nada que refleje una realidad absoluta.
Pero es asi. Me apasiona saber que un fin de semana no dormiré entre mis sábanas,  no me preocuparé de arrugarlas y desearé tener sensaciones nuevas al asomarme a una nueva vista al mundo.
Una noche de hotel. Esa es de vez en cuando mi excentricidad!!
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