jueves, 13 de febrero de 2014

Cuentame una historia

A veces nos paramos a pensar que nos gustaría ser o hacer de verdad,  o incluso lo que creemos que éramos en otra vida.
Suele ser habitual contar a alguien tu profesión y que ese alguien te explique la suya. Y suelen ser muy poquitos que aseguren que lo que hacen les apasiona, o sea que de su profesión hacen su pasión o viceversa.
Supongo que algo así como pintores (de lienzos ehh), cantantes, actores, no se, o incluso banqueros, jajajja... el caso es que siempre es bonito escuchar eso de que le apasiona su profesión y la vive al máximo.  Creo que para la inmensa mayoría lo vivimos al revés,  nos levantamos con poca motivación  trabajamos por obligación, no por devoción.
Y el caso es que siempre me he preguntado que opinará de esto un taxista. Yo creo que los habrá apasionados de su trabajo diario y los habrá asqueados, seguramente.  Realmente es un trabajo peculiar,  que a mi precisamente que ni conduzco ni conduciré nunca, me atrae. Supongo que lo digo porque no soy yo la que paso ahí metida en un coche 12 horas para arriba y para abajo, pero no se, a mi, que el hecho de hablar, conversar, discutir, indagar, cuestionar, aconsejar y reflexionar me encanta, no quiero ni pensar lo que sería conociendo constantemente a personas distintas que van y vienen, que no volveremos a vernos y que podamos charlar de lo que sea en el trayecto, pero en definitiva es eso, intercambiar unas cuantas palabras con esa persona que está al volante para ti (y por dinero, eso también), pero que en ese momento está a tu servicio.
Cuando conseguía leer a diario el 20 minutos que entregaban en la boca de metro de la parada de mi casa (y que ya no consigo nunca, no entiendo donde se ubica ahora la chica o si hace distinto horario), el caso es que me encantaba leer la columna que estaba escrita por un chico de profesión taxista y contaba las historias más emotivas, directas, graciosas, extrañas y hasta divertidas, que se iba encontrando en su día a día.  En ocasiones no eran charlas, eran situaciones, pero todas eran peculiares.
También es cierto,  que la misma labor, pero en horario nocturno,  me daría pánico.  En ese aspecto, a mi parecer, pasa a ser un empleo de riesgo.
En fin, que pocos estamos contentos con lo que tenemos y aunque yo no me quejo y tengo la posibilidad de trabajar de lo mismo para lo que estoy especializada, muchos tenemos alguna ilusión oculta y nos gustaría ser.....no se!! Taxista!

 
 Así mismo, cada día me fijo en este establecimiento abierto al público en c/ Roger de Lluria con Gran Via, pleno centro de Barcelona. Me llamó la atención desde el primer día que estaban de inaguración. Las nuevas tecnologías y el mundo se abren a nosotros.
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