jueves, 6 de febrero de 2014

Todos contentos

Aquí, perdido en marte (comienzo de una preciosa canción de Antonio Orozco). Una canción que desde la primera vez que la escuché me encantó,  y que ironías de la vida, ahora me siento más en marte que en la Tierra.
Supongo que yo y muchos, que no entendemos nada y aun así suspiramos,  miramos para otro lado y a ver qué pasa.
Por cuestiones X, me encontré este martes pasado manteniendo una conversación muy amena con un chico boliviano que lleva viviendo en Barcelona desde hace 12 años.  Teniendo la nacionalidad española,  se siente querido, bien acogido y con suerte de disfrutar de nuestra cultura, alimentación y bienestar. 
Con motivo de nuestras quejas al escuchar el telediario y exclamar continuamente despropósitos de este gran gobierno que nos representa,  del anterior que nos dejó cojos y de lo ladrones que son todos, todo esto además contrastado con las estadísticas de Europa que nos situa en cabeza en tema de corrupción y que en ese momento también explicaban en el noticiario.

Nuestro nuevo amigo de unas horas nos sorprendió porque comenzó una conversación en base a estos temas. Aunque entiende nuestro malestar general, ya que él personalmente ha vivido la España en su apogeo y ahora esta viviendo la España en crisis, puede justificar nuestro derecho a pataleta en el sentido de que no podemos dejar tampoco que sigan hundiendo más nuestro día a día con leyes inverosímiles y subidas continúas de impuestos,  así como bajadas de sueldos, mientras observas que sólo pierde la clase obrera, porque de cierto poder para arriba, nos miran mientras se llenan los bolsillos.

Es cierto que esto siempre ha sido así, y que mientras todos hemos estado contentos,  hemos hecho la vista gorda y no nos ha importado tanto si se ejercían puestos públicos con carácter más o menos corrupto o no.
Pero tal y como nos explicaba nuestro amigo, en su país, donde está instalada una falsa democracia, donde la mayoría de los habitantes rozan la pobreza absoluta, sin posibilidad de salir de ella, donde los precios se equiparan a los de Europa o más en cuanto a muchos artículos que aquí es consumo habitual, allí es un lujo y donde patalear no tiene cabida pues la violencia empieza arriba y arrastra al más pequeño.
Entiendes su visión particular de que aunque aquí se ha empeorado bastante en muchos sentidos, aun así,  no se está tan mal.




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