martes, 11 de marzo de 2014

Después del 11-M. Nada más.

Acostarse para descansar,  al día siguiente toca currar. Acostarse para madrugar, nos vamos de viaje. O a estudiar o a pasear. Acostarse para descansar que después de mañana ya no habrá nada más.
Cuantos de nosotros recordamos aquella horrible noticia. Cuantos de los que teníamos más o menos capacidad adulta de entender algo, nos llevábamos las manos a la cabeza cuando pudimos ver las primeras imágenes de la barbarie.
Una década ya. Si. Diez años y lo tengo en la retina clavado. Son noticias que hasta odias recordar porque nada era lógico, no te podías creer lo que estabas viendo y aunque el gobierno del momento nos quisiera hacer entender que la autoria estaba clara, nada estaba claro, todo era incoherente, y la sensibilidad general podía hacerte no pensar en nada más que aquello era una horrible pesadilla y a la vez que realmente no nos estaban diciendo la verdad.
192 personas.  192 familias.
Nada de esto debería haber ocurrido.
Toda la violencia que cualquiera de esas personas jamás hubiera imaginado se cruzó en sus vidas porque se mezclaron políticas cruzadas,  falsos ideales, dejando en la historia una fecha, una tragedia, un recuerdo de un horrible día en el que cientos de fallecidos y cientos de familias quedaron segadas de por vida.
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