jueves, 8 de mayo de 2014

Dos minutos en el congo y poco más

El sonido del las campanas de la iglesia. Me encanta. Supongo que es de las pocas cosas que me gustan de los pueblos o las localidades pequeñas. El escuchar cada hora ese pasar del tiempo que por lo demás en las grandes ciudades pasa desapercibido.
Más bien me declaro urbanita 100%, con mis prisas, mi consumismo y mi mantener la vida ocupada con todo ese ajetreo diario que se nos contagia a unos de otros al vernos correr.
Pero reconozco que envidio esas gentes que entrevistan por el mundo, que abandonaron la gran ciudad para encontrar paz y tranquilidad en cualquier pueblo perdido o no tan perdido del mundo. Reconozco que me veo imaginándome, de hecho, dejándolo todo y simplemente refugiarnos en otro mundo fuera de tanta hipoteca y tanto estrés mental. Y creo que, como yo, lo piensan muchos. Aunque luego volvamos a la realidad y digamos que al fin y al cabo no estamos tan mal. Sólo unos cuantos se lanzan.
Esos programas televisivos hacen pupa mental, ya que con lo bien que le va a la gente montando un chiringuito en el congo o un hotel-hamaca en Tailandia, piensas que porqué no se te ha ocurrido a ti antes. Y te lamentas por ser tan lento y un urbanita y un conformista .
Y así hasta el día siguiente en que la realidad es la que es, eres feliz, tienes para comer y sabes que en el congo no sabrias ni por dónde empezar.

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