martes, 5 de agosto de 2014

Mujer invisible

Régimen de visitas abierto. Tu hijo, mi hijo, moneda de cambio. Denuncias, miedos, previsiones nefastas de una madre, donde con hasta 48 denuncias estás gritando que protejan a tu hija y donde ningún entendido de la justicia de este país que leyera esas denuncias, de hace una década, tomó ninguna decisión coherente.  Y prevalecía el derecho del padre. Y la hija murió.  Porque ese fue el derecho que le dieron a ese padre, derecho a matar a su hija, hacer con su vida lo que le convenga,  porque en sus manos se la ponían.  Unas denuncias que en este país no sirvieron para nada y ahora una década después, fuera de este país indemnizan a esta madre que perdió a una hija porque la justicia, aun avisando, hizo caso omiso a las advertencias de que era un maltratador y un asesino.
Diez años después habrán mejorado el sistema en este sentido,  seguramente, pero aun queda camino, aun hay hijos desprotegidos, aun quedan padres que utilizan a sus hijos como moneda de cambio para hacer que su mujer sufra el peor de los sufrimientos. Y esa madre queda vacía para toda su vida y se siente invisible. Vacía e invisible.
 
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