domingo, 28 de septiembre de 2014

Sin intereses

Un chico con brazos tatuados, perilla modernita y casi cuarenta tacos en la cola del concierto de Rafael. 
Abrazarte al sofá el primero de año a ver el concierto de primero de año, desde siempre, divina costumbre.
La carretera de Julio Iglesias sonando de fondo en la cadena de una chica de casi cuarenta.
Tarareando Soy Rebelde de Cecilia que en la mente de muchos está.
Eso es la riqueza de cumplir edad, la riqueza de pasar de todo sin pasar, de opinar y querer opinar sin miedo al que dirán.  De qué equipo eres, por qué partido te decantas, tus males de amores que en realidad son defectos propios que arreglar.
Esa es la riqueza de cumplir edad. No vivir continuamente en la pena del que dirán.  Ahora ya me da igual. Ni mejor ni peor que nadie, simplemente ser tú mismo, sin ofender. Respeta y te respetarán.
Y es que me ha llamado la atención eso esta mañana cuando zapeaba. Ver la cola multitudinaria del concierto de Rafael en cierta localidad de España y ver la diversidad de seguidores esperando a entrar y me ha gustado eso, no esconderse no tener miedo de expresarse ante lo que te gusta y lo que no, e ir con la cabeza bien alta simplemente a disfrutar de un concierto o de lo que te de la gana.
Con veinte años todo te da vergüenza, todo lo haces por quedar bien y ser el más guay y casi diaria que te convierte en un títere de la sociedad. 
Con veinte años más empiezas a reírte de aquel títere que eras y es hasta inevitable serlo con veinte, pero seguir siendolo con cuarenta, es lamentable.
Muchas personas se callan cosas, muchas cosas con mucha gente y hasta yo me las callo y a veces pienso que porqué? Tal vez para eso, para no ofender o simplemente porque no vale la pena, no me vas a escuchar, pero arde la lengua. 
En fin, ojalá pudiera hacersele entender a un niño que todos esos procesos que ha de vivir, al final llegará el día en el que viva sin ningún interés del que piensan los demás. 
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