miércoles, 26 de noviembre de 2014

A Buenas caras malas palabras

Nos gusta exhibirnos, comprobado.
Nos encanta mostrar nuestro lado bueno, nuestros momentos especiales y  diferentes. Porque proyectar una imagen ideal y generar envidias, nos enorgullece. 

En el momento en que una persona retransmite su nueva relación, casi en directo, con detalles que no son necesarios mostrar, te hacen pensar que no todo es tan bonito ni la historia es muy real.
La competición de fotos entre ex-parejas por mostrar a su nuevo acompañante, me parece que nos hace descender como personas a la edad de quince años, cuando todo daba igual, cuando el amor era lo que te hacia morir y tu amado la mayor suerte que te podía haber pasado, repito, casi siempre, nada real.
Y las frases e indirectas publicadas para herir o ya no tanto para herir sino para decir lo que a la cara no se atreve a decir y al final el vacío, porque ni eso llena.
Lo que hace completa a la persona es sentirse querida por encima de todo, sin importar las miradas, pero sin necesidad de compartir nada, al final lo que deberia importar a las personas es dejar las cosas claras y decirlo todo a la cara, con respeto, pero no dejarse nada, nada para las indirectas, nada para demostrar nada, solo la calma de una nueva vida, escogida por uno mismo o alineada por los astros, da igual, pero sin importar las miradas.
Demasiada competición vana.
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