lunes, 17 de noviembre de 2014

Mundo vertical

Tal vez la vida no sea tan cuadriculada como nos la pretendemos montar. O tal vez estamos tan acostumbrados a seguir las cuatro esquinas de un cuadrado que a la que nos meten en un triángulo, nos falta algo.
Y es que yo creo sinceramente que esto es lo que está pasando. Que la vida está cambiando. Que lo que antes se hacía por inercia para que la vida fuera la correcta, la perfecta y lo ideal, ahora ya no es tan perfecto ni tan ideal, y no nos llena, y el que sigue los cuadrados, se acaba aburriendo y busca otros cuadrados que acabarán dandole lo mismo: aburrimiento.
Discutir con personas cuadriculadas, me encanta, porque al final todo llega, todo sale y hasta las conversaciones más sencillas acaban almacenadas en mi memoria para tiempos después poder comprobar que aquel que me discutía que no se podía uno salir del cuadrado, ha salido y hasta es más feliz.
La vida perfecta, la pareja perfecta, los hijos perfectos ni siquiera los padres perfectos existen, más que en la cabeza de aquel que se empeña en idealizarlo todo, para luego acabar siendo un narcisista que solo vale lo que el quiere que valga.
Me encanta la gente que cambia, que apuesta por abrirse a nuevas tendencias en todos los sentidos y que se le nota en la cara, a esa gente que nadie le impone nada, pero con la edad, sabe reconocer que hay que ser tolerante, respetable y un poco más transigente. Ya tengas veinte años, treinta o casi casi cuarenta.
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