miércoles, 31 de diciembre de 2014

Fuera barreras

Todos  nacemos con defectos, crecemos con esos defectos y morimos con esos defectos, bien  unos físicamente como mentalmente. 
Y aunque hay a algunos que son más evidentes que otros, al fin y al cabo, esos defectos nos definen de algún modo.
Hay quien no soporta sus orejas, se las opera, y defecto corregido.
Hay quien no consigue convivir con su falta de pecho, se opera y problema solucionado.
La vista, el olfato, los gluteos, el cabello, hoy día hay mil y una maneras de conseguir que tu defecto quede camuflado bajo un buen bisturí o un buen psicólogo que te ayude a entender que todos nacemos diferentes y con unos defectos y unas virtudes irreemplazables.
Porque aunque haya quien se corrija dichos defectos, aun así se mirará en el espejo y tendrá el temor de que vuelva a la antigua forma, es por esto que digo que mentalmente morimos con nuestros defectos, corregidos, modificados, pero que siguen en nuestro subconsciente.
Y yo no nací para ganarme la vida cantando. Eso es así, y no es que cante mal, es que directamente mi voz es tan sumamente peculiar, rara, de pito y diferente, que quien me conoce, no me olvida, tal vez no recordará mi nombre, ni mi edad, pero recordará mi voz y allá donde me encuentre se girará y me reconocerá.
No me siento orgullosa, aunque pueda parecer lo contrario.  Y digo yo que con dinero tal vez hasta se podría corregir. Ni idea y me da igual.  No te vaya a ir el bisturí de cuerda y me dejes muda. Imagínate.....yo muda. Imposible, inconcebible.
Y todo esto a donde nos lleva. A las barreras. Las barreras que muchas personas se ponen por esos defectos que en ocasiones sólo tu detectas e incluso tu acentuas con tu propia actitud.
No es fácil escucharse a uno mismo y sentir que te oyes tan ridículo que te cayarias para siempre. No es fácil pensar que yo misma ante cualquier persona con una voz así, sentiría que no me proporciona seriedad.
¿Y qué?
Evidentemente procuro no escucharme nunca. Evito grabaciones que me hieran. Y para mi es mi defecto, con el que nací, con el que convivo, con el que moriré. Y habrá quien me diga que es una virtud, aunque jamás lo pueda llegar a ver. Pero lo que está claro es que aquí estoy, con mi voz de pito, pisando fuerte, no dejando que jamás nadie me mire por encima del hombro, a pesar de que mi altura permita a cualquiera mirarme como tal.
Me da igual. No hay barrera que no pueda superar.
Y me gustaría que mucha gente que conozco que se pone constantemente barreras y que no se deja a si misma avanzar, se lo replanteara y lo meditara un minuto. ¿Vale la pena esa barrera que te pones ante el mundo por algo que nadie detecta?
El valor de una persona va sumando según va avanzando en su vida sin importar cuantas barreras haya que saltar.
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