jueves, 26 de marzo de 2015

Tragedia

Cierras la puerta, el último portazo, le das un beso, deseas un buen día. Y es tu último gesto, ya no volverás a verle ni a besarle, sí a quererle, eternamente, pero eso solo te queda a ti. 

Despiertas feliz, no sabes si es tu último día, ni si es su último día, y no, a todos nos ha de suceder algo. Esto no es lo de siempre. Pero ahí está. La estadística, la casualidad o el destino de cada uno.

La vida nos depara tantas sorpresas, alegrías, desgracias, lamentos, que no vale la pena dejar pasar los días sin disfrutarla. No vale la pena discutir sin sentido, permanecer en silencio, no expresar sentimientos.
Aquel que calla, guarda palabras eternas que no deberían quedar sin soltarlas.

Por hoy, por mañana, porque no sabes cuando será tu último día o su último día. Por esas personas, esos padres, esas familias que lloran desconsoladas.
Cada uno una historia, ahora una tragedia. Ninguno lo imaginaba. Y ahí estaba su día, su hora, su último pensamiento, la despedida y un adiós no escogido.

La vida que vivimos, no nos damos cuenta hasta que nos estallan en la cara noticias tan trágicas como la de esta semana, y así empezamos a valorarla y querer más a los nuestros y desear disfrutarla a cada segundo porque te duele, lloras y piensas en esas personas que lamentablemente ya no volverán y piensas también en sus familias destrozadas.
Maldita la persona que decide matar, así sin más a  150 personas, porque su obsesión era volar. Malditos pensamientos los de una mente loca, que sin sentido, sega la vida a tantas almas inocentes.
Horrible sensación de desamparo y aun peor duelo cuando uno se entera que es una acción deliberada.
Y entonces solo nos queda la desesperación, ya no hay esperanza. La facilidad de que puedan suceder estas cosas, y de que sin saberlo, estamos en manos de personas que aunque deban aportarnos confianza, ya nada te da la absoluta seguridad de estar en las manos adecuadas.
DEP, todas esas almas. 


 
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