viernes, 24 de abril de 2015

Atrapa sueños, roba vidas

Te presto mi vida para que no pienses en envidiarme ni un poquito, una hora, dos dias, medio siglo.
Te presto mis risas, mis sueños,
mis logros, pero también mis lágrimas.  Y no conoces nada, de lo bueno y de lo malo, pero aun así me tienes ganas.
No quiero tu vida, no envidio tus formas, no busco tus logros, ni vendo la mía, ni pinto mi mundo de colores para despertar envidias, cada uno cuando cierra su puerta, sabe sus miserias, sabe sus carencias,  conoce sus alegrías. No te vendo mi vida, no quieras comprarla. Vigilo mis cosas, no quieras robarlas.
Se llama  robavidas a aquellas personas que no saben hacer con la suya y buscan espejos, buscan salidas, que tienen muy cerca, sin necesidad de abrir su puerta, pero aún así, buscan hasta encontrarla, urgan heridas, encuentran momentos, palabras precisas, para sentir que su vida juega junto a la tuya la misma partida.
Vidas ajenas en las que mirarse, compararse y acabar viviendo otro día a día. Me envenena pensarlo. Vistete de fiesta porque te toque vivir tu fiesta, corre senderos porque seas tu quien quiera correrlos, no tomes vivencias de otros que acabarán amargando tu existencia.
Me siento grande. Te veo pequeño.
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