viernes, 17 de julio de 2015

Ochenta y largos

"YA VIVIMOS BASTANTE CONDICIONADOS".
Nuevo spot publicitario de Ing Direct.
Reconozco que soy una sensiblona. Que tengo la lágrima fácil, que me da rabia, y que es algo que no puedo cambiar. Así que si a lo tontorrona que soy, le sumas estar tumbada medioadormilada en el sofá una tarde de calor máximo en Barcelona,  te sale la combinación perfecta para que cualquier cosilla que veas, te llegue al alma.
Y este anuncio me ha llegado:
Una madre. Ochenta y largos años, llama a sus hijos por teléfono y les dice que tiene un deseo. Pide que la lleven a una playa nudista. Los hijos se sorprenden.
Dice que únicamente vio desnudo a su marido y que cree que toda la vida le hicieron sentir que no estaba bien ver a nadie más desnudo, pero ahora que siente que todo lo que le quede por vivir ha de ser algo único, simplemente desea ver a más gente desnuda, sin más. Sin menos. Por que sí.
Los hijos lo piensan. ¿Qué harías? ¿La llevarías? Por qué no?
Y allí está ella, vestida, sentada, frente a esa playa de personas que están, tan naturales como la vida misma, disfrutando un día de sol.
Ni ellos hacen nada malo, y mucho menos ella, por sentir la necesidad de desear comprobar que la desnudez de otra persona es natural.
(indiferentemente de que el nudismo me guste o no, lo respeto.)
Y me ha hecho llorar, porque el eslogan es muy cierto, ¿vivimos siempre tan condicionados? ¿tan pendientes del que dirán?, tan pensando en la perfección, o en aparentar la perfección, que no vivimos.
Muchas de las cosas que deseamos,  no las hacemos, las aplazamos, les hacemos un sitio en nuestro tiempo. Y acaban muriendo en el pensamiento.
Es una lástima que continuamente seamos como robots ante la vida. Pero que en el momento en que nos enfrentamos a una enfermedad dura, una pérdida inesperada,  es cuando realmente reaccionamos y decimos basta, y empezamos a disfrutar de verdad, aunque a veces signifique no hacer exactamente las cosas como veníamos haciéndolas.
Ni todo es tan cuadriculado como a veces nos provocamos a nosotros mismos que debemos ser, ni la vida debe ser tan perfecta como nos la imponemos, en el dia a día.
Por eso aquella frase de: "disfruta cada día como si fuera el último" me gusta repetirmela.
Ni seríamos tan correctos, ni nos importaría tanto el que dirán, si nos aplicaramos el cuento.
Al final, es vivir por vivir, sentir al máximo y hacerlo todo sin más, sin maldad y sin pensar en el qué dirán.
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