viernes, 25 de septiembre de 2015

Guerra política

Aquí huele a mierda. Pero no es reciente. Ni fresca. Ya llevamos tiempo así.
Y sí! es de política de lo que va el tema. Seamos serios, hablemos con propiedad. Ni entiendo,  ni deseo entender. Ni discuto, ni falto el respeto a cada una de las ideologías que se escuchan. Y si desde fuera de nuestras tierras nos tachan de egocentrismo, intolerantes, independientes, e insultos varios, les diré que vengan a visitarnos, que nos es tan malo como lo pintan, que se va por la calle con armonía, tranquilos y pacíficamente y nos toleramos todos, aunque parezca lo contrario.
No me gusta la mala política, la guerra parlamentaria, las guerras de banderas, ni las prohibiciones, mucho menos las provocaciones. Y tengo ganas ya de que llegue el domingo y todos salgamos a votar. Y ojalá, de una vez por todas me hubieran vendido una campaña electoral coherente, real, plausible, capaz de llegar a donde tiene que llegar, a las necesidades del ciudadano, a solucionar las carencias sanitarias, las realidades de los hogares más desfavorecidos y una educación lógica, capaz de que el alumno desee estudiar, capaz de subir generaciones válidas.
No sé a dónde llegaremos con esta guerra de poderes, estas uniones políticas sin sentido y estos nuevos oportunistas que nos llenan de pájaros la cabeza y no nos venden más que aire e ilusiones.
Aquí huele a mierda, pero votaremos y tanto que lo haremos.
Y al final espero que acertemos y los que empiezan de 0, suban limpios, sigan limpios y cumplan las promesas que nos han venido. Aunque yo juro que últimamente lo único que percibo es eso, guerra de banderas sin sentido.
Así que señores, seamos serios y conscientes de lo que hacemos, dediquen el tiempo a hacer buena política, propósitos lógicos y campañas limpias.
Que pena de país se pretende crear.
Así lo veo yo. Un sin sentido. Un no explicarse nadie. Un no decir la verdad. Y los pocos que desearíamos entender, no podemos comprender tanta incoherencia.
No me mojo por nadie. En política y en religión, mejor al margen, siempre desde la barrera. Llámame cobarde.
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