viernes, 9 de octubre de 2015

Risas con ocultas lágrimas

Que difícil me resulta tener esta disputa contigo, si tú no luchas conmigo.
Que difícil resulta sentir tantas cosas, y a la vez que tú no sientas lo mismo.
Se me complica la existencia si no tengo claro si lo que hablamos, lo decimos tal cual lo sentimos, o nos engañamos, nos mentimos, nos evitamos y finalmente dejamos caer todo al abismo de la cruel realidad de infinidad de relaciones.
Las que no hablan, ni se miran, ni apenas se conocen, las que solo llevan bien las noches de sueño, en una inmensa cama fría. 
O tal vez es que simplemente se soportan, dejando pasar los años, los días, las semanas, hasta que la vida les da un tortazo y les hace despertar de tanto letargo.
Los que se rozan y ya no sienten.
Las que se miran y ya no está el que una vez amaron.
Y empiezan a ver, qué están viviendo, o qué no están viviendo, y empiezan a imaginar, cómo desearían realmente haberlo vivido o no seguir viviendolo.
Nos complicamos tanto, cuando es mucho más sencillo.
Nos atacamos siempre sin saber cuánto dañamos y creamos nuestro mundo pensando que seremos los envidiados y más bien lo contrario, lo que tú crees que nadie ve, todos lo observamos.
Que difícil me resulta ya buscar tu mirada y no encontrarla.
Ya no se dónde miras.
Ni siquiera tengo claro dónde realmente mirabas.
Me conformo con una última palabra. Sincera. Directa. Y después al fin, la calma.
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