jueves, 31 de marzo de 2016

Bajo el almendro

Busque y encontré el lugar donde relajarme. 
Donde encontrar justo lo que necesitamos, lo que difícilmente hallamos entre tanto ruido.
Lo visualice, a lo lejos. Me llamó al momento, corriendo a su encuentro, supe que allá sería donde me encontraria el que me conociera.
El que me leyera. El que sintiera lo que yo siento, cuando expreso entre líneas esos textos, diciendo todo, entre tanto verso. 
No será un lugar místico. Ni siquiera idílico, a los ojos de los eternos enamorados. 
A aquellos convencidos de lo auténtico.
Respiraré su aire y me sentiré lejos.
El viento, la lluvia, junto a los sueños formaran el conjunto de lo imprescindible para sentir que ya estoy en ese lugar del mundo, ese que ni siquiera a los ojos de los demás, es un lugar oculto. 
Pero es mi universo.
Déjame preguntarte. ¿Tienes tu pedacito de suelo?
Te equivocas si crees que no lo necesitas.
Te confundes entre la gente. 
Entre la costumbre de mezclarte, hasta llegar a hastiarte el pretender ser igual, siendo diferente.
Y yo que hasta ayer entendía poco de todo esto, guardo en mi pensamiento lo que veo, creo, siento. Porque también era así. Pero ahora confundo con mi sonrisa. Y huyo. Allá, a mi lugar. 
Allá donde podrás verme a lo lejos y pararte a pensar si debes dejarme un rato más o interrumpir. 
Si deseas aportar y darme ideas o confundir.
Vamos a probar si me encuentras. Y sobretodo, vamos a ver si te quedas.


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