lunes, 18 de abril de 2016

Necesidad de escribir

Escribo porque tengo argumentos. Necesidades. Sentimientos.
Escribo, hago garabatos, releo y siento, llegará al alma, te erizará entero, reflexionaras mucho, retornaran bellos recuerdos.
Escribo para contar todo aquello que me emociona. Que callo. Que siento. Que revive en mi, en ratos de silencios. Y deseo plasmarlo sin más, llegue lejos. Ayude a alguien. Sin pretender ser ningún ejemplo.
Lucho eternamente por seguir escribiendo. Porque lo llevo dentro. Porque si acude el pensamiento y no lo escribo, muere en el olvido. 
Y esas palabras no vuelven, jamás será lo mismo, aunque intentes transcribirlo de nuevo. Y lloro por dentro al pensar que lo he perdido. Podía haber sido algo grande, o tal vez podrido, pero era mío, resurgido de lo más adentro. Probablemente un texto que leído tendría su lógica, para alguien, sería hasta bonito.
Escribo, te grito entre líneas lo que necesito, lo que debes hacer, tal vez ahí está el motivo, de salvarnos, de querernos, de que al final, como en cualquier historia parecemos ser dos, y aun así seguimos siendo uno mismo.
Escribo y lo plasmo para que quede en el mundo. Te queda servido, en taza corta, sin mucho líquido.

Queda en manos de quien quiera entender simplemente, que los que escribimos estamos al servicio de los que nos cuentan sus sueños. Permanecen en nuestra cabeza. Ese inmenso archivo. Y en algún momento, cuando estés leyendo, sabrás que eres tú el protagonista de este enredo.
Escribo, te necesito, observo y así queda manuscrito.
(Post exclusivo para mi colaboración semanal en la página "El poder de las letras")
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