martes, 24 de mayo de 2016

El si quiero

Sopeso seriamente la idea de besarte.
De tomar tu cara entre mis manos y sin tiempo a emocionarte, morderte y hacer mío ese instante fascinante, en que tu rostro cambie de expresión y pases de la más absoluta seriedad a la enorme ilusión. 
Sacarte esa sonrisa, que me encanta porque sabes que es amor y que estoy loca. 
Y eso fue justo lo que nos unió.
Mi toque de locura, con tu falso humor oculto. 
Mi cacho de emoción, con tu arte al mirarme a escondidas, a lo lejos, por los quicios de la gente y yo hacerme la ofendida, aun sabiendo que moría por esos vergonzosos silencios que lo decían todo.
Cuánto adoro aquellas tardes de canciones. 
Esos espacios buscados a conciencia y encontrarnos, a escondidas, para ensayos. 
Uniendo aun más si cabe, lo que el tiempo dictaría.
Somos uno. 
Y es justo en este momento que sopeso seriamente la idea de gritarte, sin demora que te quiero, que nos uniremos cierto día 20 y entonces ya será eterno. 
Que no me hace falta un papel para confirmar lo que tenemos. 
Que vivimos día  a día, como un sueño. 
Y si tu caminas a mi lado, yo no desfallezco. 
Necesito siempre eso. 
Tu fuerza. Mi temperamento. Tus besos. Mis virtudes unidas a los complejos. 
Los abrazos en la noche. 
Esos que son maravillosos porque se dan en sueños. 
En el momento de inconsciencia, que es cuando se expresa el verdadero sentimiento.
Sopeso la idea seriamente, y finalmente todo esto lo pienso y lo siento, echa un ovillo en el sofá, mientras te observo a lo lejos, tocando las estrofas, nuestros versos.
Anhelo que llegue nuestra boda. 
Deseo sorprenderte. 
Que me ames eternamente como yo te deseo, cuando ambos pronunciemos el sí quiero.
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