lunes, 2 de mayo de 2016

La cita

Teníamos una cita de esas que no se olvidan. A las siete. Mismo lugar. Misma silla. 
Tentamos a la suerte. A quién antes se le iría la risa. Esa ocasión de encontrarnos, mirarse a los ojos y no saber que hacer con nuestras manos, nuestros labios sin mentiras. 
El instante de besarse en la mejilla. Parecer indiferentes, entre el resto de sonrisas. De miradas maliciosas. De caricias a escondidas.
Todos saben, pocos callan. 
Y hablas de tus pruebas, yo explico mi experiencia, mis días, sueños, ilusiones, tentativas. Tal vez llegue lejos, pienso sin decirlo, balbuceo, hasta imaginarlo provoca cierto miedo, no es codicia. Tu me expresas el temor de gritar al mundo tus deseos, y luego fracasar, lo que otros tal vez veían.

Ese fué nuestro momento, el de recuperar el tiempo y decirnos las verdades, no más habladurías.
Optamos por no avanzar. No dijimos tonterías. No arriesgamos, no forzamos, no intentaremos empezar, lo que nunca acabaría.

- Hagamos caso omiso a la realidad y que el corazón haga de guía!.-Me dice bajito al oido, ese ángel bueno que todos tenemos.
- Olvídalo, ni te mira. Mucho menos aun, sería valiente y en mitad del mundo, rompería con todo y te besaría tan apasionadamente que todos callarían!!- Me confiesa el otro angel realista.
Y después de la velada, son dos besos los que finalizan. Ya tus manos no me buscan, vuelves la mirada perdida, ni siquiera un suspiro al cruzar la esquina. No te giras, no me giro. Nada gira.
Ya no queda, lo que hubo. Porque entiendes, porque entiendo, que lo que antes nos unía, murió cierto día. Tal vez aquel que dejaste de escribirme. Tal vez, aquel que yo tan cruelmente me despedía. Sin más. Sin menos que decirnos. Decidimos acabar lo que realmente nunca empezaría.
Escrito propio para mi colaboración semanal en la página: Elpoderdelasletras

Publicar un comentario