lunes, 30 de mayo de 2016

Simplemente respirar

Estoy ultimando la manera de llevar mi vida, para no desear continuamente escapar de todo.
Estoy barajando la posibilidad de que cada día no sea un dia más, de la forma que todos deseamos que pasen, rápido, contando los minutos, los segundos, cada año, para que lleguen las ansiadas vacaciones, que luego ¿disfrutamos?
Nos invade ese miedo a que acaben, las ganas de comernos esas horas de descanso,  y al final lamentamos no haber descansado. Por esas fiestas de sueño que luego arrastramos, por las carreras para llegar a todos lados, que el resto de año, no llegamos, por dormir demasiado, o ni siquiera acostarnos y porque al final no sabemos ni lo que deseamos.
Y ¿qué pasa con todos esos días que perdemos? ¿Todos estos días que le corremos al calendario deseando que lleguen esos otros tantos?
Qué poco valor le ponemos al tiempo, mientras dejamos pasar muchos otros instantes, por esperar que lleguen otros momentos que luego realmente se evaporan tan rápido, que la desesperación que se nos instala es aun mayor porque volvemos a un largo año, de días con sus noches, todos iguales, todos tuyos y tan odiados sin embargo.
Y, de nuevo nos vemos, volviendo a contar los días para que llegue ese ansiado descanso, el desasosiego, bello letargo.
Qué triste y qué necios.
Deberíamos entender que la verdadera alegría es permanecer en este mundo cada día. 
Disfrutar de los pequeños placeres cotidianos. 
El verdadero descanso es un momento de café y un cigarro (para los que fuman).
La verdadera paz es ese momento soñado, de no pensar, no sentir, no odiar, ni desear, simplemente respirar. Ver fluir el aire que entra y sale y nada más.
Qué estúpidos, porque todo esto lo encontramos tan banal que nos da igual. 
Y solo aquel que se encuentra postrado en un hospital desearía volver atrás y retomar. Correr, saltar, nadar, soñar con vivir sin medicar. Sin depender. Sin tener que dominar las lágrimas, que le entorpecen las vistas, de esa triste ventana. Simplemente respirar.
Por ellos, por ti. Dedícate un segundo a pensar. ¿vale la pena malgastar los 335 días del año, por esos 30 que a veces, no saben tan dulces, rozan lo amargo?
Seamos claros, si hay que morir, que sea pensando que realmente disfrutar, se ha disfrutado todos los días del año. 
Aunque cueste, aunque no le encuentres sentido a estas palabras. Aunque ahora mismo te parezca lo más insensato.
Autora: ©Miriam Giménez Porcel. Para el Poder de las letras.

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