viernes, 16 de septiembre de 2016

Barcelona

Amanece en Barcelona con un sol resplandeciente. Es viernes y nada hace presagiar que vaya a ser un mal viernes, simplemente amanece y sonrío.
Me encanta ver el sol reflejado en los edificios. Me apasionan esas sombras que se reflejan en las paredes.
Esa vida de la ciudad, que si vas con tiempo, sin prisas, se siente y se disfruta, porque al final, Barcelona es única.
Mi ciudad es grande, majestuosa y te envuelve.
Hay que saber disfrutarla un agosto, sin gente.
Y también hay que volver a sentirla en septiembre, observar cómo vuelve la vida de siempre. Y no desesperarse, entenderla, abarcarla con sus ruidos, ese bullicio que sólo la rutina tiene.
Y luego aprovechar y perderse por esos paseos verdes, cerca del mar, o la montaña, lejos de estas calles que esperarán inertes.
También es conveniente.
Porque vuelves renovada, para volver a mezclarte entre la gente y sentir que estás en el mundo, que esa vida es la que quieres.
Amo Barcelona. Me reconozco urbanita, aunque cada fin de semana huya, pero es para volver más fuerte. Con ganas de verte.
Amanece en Barcelona y sonrío. Este es mi lugar en el mundo, y me siento con fuerzas para gritar que vivirla es una suerte.

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