miércoles, 11 de enero de 2017

A mi niña bonita


Me gustan esas manos regordetas. 
Con las uñas sin medida y el esmalte mal untado. 
Me gusta esa sonrisa. 
Inocencia desmedida. 
Me demuestra: aun hay tiempo. 
Sigues siendo mi bebita.
Aun me miras y me escuchas. 
Observas mis acciones, exiges compañía. 
Sigues prefiriendo mi presencia, 
a una ausencia consentida.
Llegará el día en que me odies. 
Mis consejos ya no serán tu guía. 
Mis palabras te hastien. 
Mis castigos no te sirvan. 
Soy tu madre, no tu amiga. 
No intentaré lo contrario, 
siempre estaré en el frente, 
como estuve cuando eras niña. 
Unas veces recibiré reproches, 
otras buscarás mi sonrisa.
Todos fuimos esos mismos niños, 
antes de ser grandes suicidas. 
Matones de sentimientos, 
de pensamientos, 
hirientes insensatos, 
nos volvemos egoistas.
Me gusta tu cara fascinada, 
escuchando mis historias inventadas. 
O esos ratos de lectura compartidos, 
robándole tiempo al tiempo, 
para que queden en la memoria, 
solo tuya y mia.
No me acostumbro a tus nuevas salidas, 
a tus rápidas preguntas. 
A esas dudas ya muy lógicas, 
pero que me demuestran que ya piensas en grande, 
aunque siga viéndote chica.
Y empiezo a imaginarte 
siendo ya una mujer madura, 
independiente, 
con ganas de locuras. 
Y tengo miedo. 
Y prefiero seguir así, 
un ratito más, 
en esa nube dulce que me confeccioné el día que naciste, 
y aun perdura.
Y prefiero seguir así,
tu a mi lado,
a modo burbuja,
espaciando el momento,
que desees otra vida,
que escuches otras mentes,
que beses otros labios,
que me digas alguna mentira.
Que ya no te importe tanto
que te quiera con locura.
Todo llega, todo pasa.
Son etapas.
Para mi siempre serás mi niña.
Y esperaré,
pacientemente, 
a que vengas,
y acurrucadita me digas,
echo en falta tus caricias.
Te amo Lucía.

 
 
 
Publicar un comentario