martes, 7 de marzo de 2017

Me autoimpuse unas normas.
No llamarte.
No escribirte.
No suplicarte. Ni recordarte.
No desearte.
No vigilar tus pasos, para encontrarte.
Así casualmente, como algo improbable.
Construí unas barreras, para no saltarlas.
No fustigarme.
No mencionarte en mis conversaciones.
No centrarme en tus pasiones.
Me autoexigí tiempo.
Me escribí mensajes.
A cada paso.
En el espejo.
En los cajones y en los estantes.
Creé un universo.
Para acabar reconociendo que
no sé odiarte.
Simplemente lo incumplí todo.
No conseguí olvidarte.
No paré de llorar hasta hastiarme.
Acabé componiendo canciones,
con mis propios mensajes.
Sobre ti. Sobre mi. Sobre todo cuanto me contaste.
Las mentiras y verdades.
La esperanza que me dabas tras los besos,
las caricias entregadas,
de unos cuerpos con demasiadas ganas,
de no soltarnos,
de sudarnos mucho,
de carcajadas regaladas,
de mirarnos a los ojos y,
de quedarme callada.
Enterré dulces y amargos recuerdos.
No es recomendable.
Los desenterré al instante.
Me autoimpuse ser honesta.
No culparte.
Ser adulta.
Pero aun así, soy incapaz de no soñarte.💗
By Miriam Giménez Porcel. Para:  http://elpoderdelasletras.com/




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